Entre Tirios y Troyanos .
Veracruz: La decisión antes de las urnas
Por: Fernando Mendoza
Académico, Analista Político y Consultor en Media Training
La política veracruzana ha entrado en una fase que no admite simulaciones. Detrás del ruido cotidiano de comunicados, renovaciones internas y declaraciones de circunstancia, se está configurando un reacomodo profundo del sistema de partidos en el estado. No se trata aún de una contienda electoral abierta, pero sí de algo previo y, en muchos sentidos, más determinante: la definición de quién controla los aparatos partidistas, con qué legitimidad y con qué capacidad real de disputar el poder rumbo a 2026–2027.
Hoy, Veracruz ofrece una fotografía clara: un partido dominante que administra su hegemonía, varios aliados que orbitan alrededor de ese poder y una oposición fragmentada que aún no decide si quiere reconstruirse o resignarse. Ese es el telón de fondo sobre el cual deben leerse las renovaciones de dirigencias, los perfiles que emergen y las alianzas que se insinúan.
Morena llega a este momento desde una posición de ventaja estructural. No sólo gobierna el estado, sino que controla una parte sustantiva del territorios municipales y posee una maquinaria que ha probado su eficacia electoral. La ratificación de Esteban Ramírez Zepeta como dirigente estatal hasta 2027 no es un dato menor ni burocrático: es una decisión política que apuesta por la estabilidad interna y la disciplina organizativa. Morena no está en fase de debate ideológico ni de refundación; está en fase de administración del poder, de selección quirúrgica de candidaturas y de negociación fina con aliados, debemos recordar que en el anterior proceso, este partido tuvo diferencias con sus aliados que generaron tensiones en su interior.
Ese control, sin embargo, no es absoluto ni exento de tensiones. Morena sabe que su fortaleza depende, en buena medida, de mantener cohesionada una coalición pragmática. El Partido Verde Ecologista y el Partido del Trabajo no son aliados programáticos, sino socios tácticos. Su peso electoral no radica en su fuerza propia, sino en su capacidad para sumar votos, estructuras locales y cuadros específicos allí donde Morena prefiere no desgastarse o donde necesita ampliar su base.
El PVEM, con la reciente llegada de Édgar Herrera Lendechy a la dirigencia estatal, ha dejado claro que su apuesta es seguir siendo funcional al bloque gobernante. El discurso de “reestructuración” y “fortalecimiento” debe leerse en clave realista: el Verde busca maximizar su valor de negociación rumbo a 2027, no convertirse en una fuerza autónoma. Donde el Verde crezca, será porque Morena lo permitió; donde desaparezca, será porque Morena decidió absorber directamente el espacio.
El PT, por su parte, se mueve en una lógica similar, aunque con mayor propensión a la fricción interna. Su próxima renovación de coordinación estatal apunta a consolidar una dirigencia alineada con Morena, pero con margen para presionar por candidaturas locales. El PT no compite contra Morena: compite dentro del ecosistema morenista. Cada desacuerdo público será, en realidad, la punta de un conflicto privado por posiciones.
Mientras el bloque gobernante ajusta engranes, la oposición vive su propio viacrucis. Y si hay un partido que concentra la atención —no por fortaleza, sino por la magnitud de su crisis— ese es el PRI. La decisión de renovar su dirigencia estatal mediante elección directa, con un proceso atraído y supervisado por la Comisión Nacional de Procesos Internos, es una admisión implícita de debilidad. El PRI veracruzano no confía en sí mismo para arbitrar su propia sucesión.
Siete aspirantes compiten por la dirigencia. Más allá de los nombres, lo relevante es lo que representan: corrientes, grupos regionales, inercias históricas y proyectos inconclusos. Adolfo Ramírez Arana simboliza la continuidad administrativa y el control del aparato; Lorena Piñón encarna el intento del centro nacional por reposicionar al partido; Carolina Gudiño apela a la memoria de un PRI urbano que alguna vez fue competitivo; Silvio Lagos aparece como opción técnica de equilibrio; los demás aspirantes funcionan como termómetros de inconformidad y negociación.
El riesgo para el PRI no es sólo la fractura, sino la irrelevancia. Una contienda interna mal conducida, impugnada o percibida como cargada puede dejar heridas difíciles de cerrar. Y sin una dirigencia con legitimidad real, el PRI difícilmente podrá sentarse a negociar alianzas desde una posición de fuerza. La pregunta de fondo no es quién ganará la presidencia del comité estatal, sino qué tipo de PRI sobrevivirá después: uno con capacidad territorial y discurso renovado, o uno atrapado en la nostalgia y el control cupular.
El PAN tampoco escapa a esta lógica de redefinición. Su proceso de renovación estatal ocurre en un contexto de pérdida de presencia y confusión estratégica. La discusión sobre una posible dirigencia femenina no es anecdótica: es el síntoma de un partido que busca oxigenarse tras varios ciclos electorales adversos. Sin embargo, el PAN aún no resuelve su dilema central: ir solo y reconstruirse lentamente, o volver a explorar alianzas con un PRI debilitado.
Un PAN que opte por la autonomía discursiva puede ganar coherencia ideológica, pero corre el riesgo de quedarse sin músculo territorial. Un PAN que busque alianzas pragmáticas podría sobrevivir electoralmente, pero a costa de diluir aún más su identidad. La dirigencia que emerja será clave para definir si el panismo veracruzano aspira a ser oposición real o actor testimonial.
El estigma “Yunes” continúa siendo un lastre para la franquicia Albiazul, en días recientes, una vez más el Senador Miguel Ángel Yunes Márquez, fue protagonista desde tribuna de un confrontación directa y frontal contra quienes fueran en el pasado, sus correligionarios.
Por otro lado, Movimiento Ciudadano ocupa un lugar peculiar en este tablero. Con una dirigencia estatal activa y vocería constante, MC busca posicionarse como alternativa moderna, pero sin romper del todo con el poder establecido. Su diálogo con autoridades estatales y su estrategia de crecimiento gradual lo colocan en una zona ambigua: ni oposición frontal ni aliado explícito. Su desafío será convertir presencia mediática en estructura territorial, algo que hasta ahora no ha logrado de manera consistente.
MC se presta tibio ante un Morena aplastante, sus fisuras internas por la disputa del poder dentro del partido hacen visible una confrontación entre la dirigencia naranja, identificada como parte del bloque del Diputado Federal Sergio Gil y quien fuera Alcalde de Boca del Río, el Diputado Local Adrián Ávila estrada, este escenario, sin duda le es muy conveniente al partido gobernante, habrá que observar el desempeño del fundador del partido naranja Dante Delgado Ranauro, quien seguramente tendrá la ultima palabra.
Todo esto ocurre bajo un calendario que, aunque administrativo en apariencia, tiene profundas implicaciones políticas. Las próximas semanas y meses estarán marcadas por convocatorias internas, registros de aspirantes, impugnaciones y negociaciones discretas. Para el periodismo, ahí está la verdadera veta informativa. No en los discursos oficiales, sino en los documentos, en los padrones, en las actas de consejo, en las resoluciones de los órganos internos y electorales.
Los escenarios son relativamente claros. El más probable es la reproducción del statu quo: Morena consolidando su bloque con PVEM y PT, mientras PRI y PAN renuevan dirigencias sin lograr una coordinación efectiva. Un segundo escenario, menos probable pero no imposible, implicaría una reconfiguración opositora en municipios específicos donde el voto anti-Morena aún es competitivo. El tercero, y quizá el más explosivo, es el de la judicialización de las internas, especialmente en el PRI, con procesos prolongados que paralicen cualquier intento de reorganización.
En cualquiera de los casos, Veracruz se encamina hacia una elección futura donde la disputa no será sólo entre partidos, sino entre modelos de organización política: uno centralizado, pragmático y disciplinado; y otros fragmentados, en búsqueda de identidad y legitimidad.
La lección es clara. Los partidos veracruzanos están ante el espejo. Algunos se reconocen y se fortalecen; otros no soportan su reflejo. Para el periodismo, el reto es ir más allá de la coyuntura y explicar cómo estas decisiones internas definirán no sólo candidaturas, sino la calidad de la competencia democrática en el estado. Porque, al final, lo que hoy se juega en las dirigencias es el mapa del poder de mañana.
fermendozanunez@hotmail.com
Este análisis se elaboró con información de: E-Veracruz, El Democrata, La Clave Online+1, Quadratin Veracruz+1, El Fiscal+1, El Sol de México+1, DIARIO DEL ISTMO
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