Alcaldes del sur se imponen a la burocracia y Profepa les admite denuncia por derrame de crudo
Por: Ariel Hernández Diaz
El olor a chapopote y la imagen de peces muertos sobre la arena no fueron suficientes para que la denuncia avanzara de inmediato. Primero hubo resistencia. Puertas cerradas. Trámites detenidos. Pero la presión de los alcaldes del sur de Veracruz terminó por abrir paso.
Tras enfrentar obstáculos iniciales, los presidentes municipales de Pajapan y Tatahuicapan lograron que la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) admitiera formalmente la denuncia por el derrame de hidrocarburo que ha contaminado más de 50 kilómetros del litoral del sur veracruzano.
El alcalde de Pajapan, José Luis González Hernández, relató que en un principio la dependencia federal se negaba a recibir el recurso legal, lo que obligó a gestionar la intervención de autoridades estatales y federales para que el procedimiento avanzara.
“No podíamos quedarnos cruzados de brazos”, expresó al calificar la situación como un auténtico ecocidio.

La mancha oscura se ha extendido desde zonas arrecifales hasta comunidades como Tecuanapa, Peña Hermosa y Zapotitlán, alcanzando puntos turísticos y pesqueros como Las Barrillas y Jicacal. El impacto no es solo ambiental: es social y económico.
Por su parte, el alcalde de Tatahuicapan, Vladimir González, confirmó que el hidrocarburo ya recala en playas de Zapotitlán, Tecuanapan y Peña Hermosa, afectando directamente a familias cuya subsistencia depende del mar. “Estamos en la antesala de Semana Santa y nuestros pescadores ya no pueden salir a trabajar”, advirtió.

La denuncia no solo fue presentada ante PROFEPA, sino también ante la Fiscalía General de la República y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). Además, se notificó a la Comisión del Agua del Estado de Veracruz.
Los alcaldes señalaron directamente a Petróleos Mexicanos (PEMEX) y a quien resulte responsable, luego de que —aseguran— personal de la empresa les indicara que debían acudir hasta la Ciudad de México para formalizar denuncias, lo que calificaron como una traba burocrática en plena contingencia
Mientras tanto, el daño continúa acumulándose.
En Las Barrillas, Mauricio Muñoz, representante de la Sociedad Cooperativa, lanzó una frase que resume el hartazgo
: “Somos el basurero de Coatzacoalcos”. Señaló que cada temporada de vientos del este el crudo recala en sus playas y que, pese a advertencias reiteradas, no se instalan barreras de contención a tiempo.

En Jicacal, las redes amanecieron impregnadas de chapopote; varias quedaron inservibles. Lanchas, motores y equipos presentan daños. Más de 100 pescadores organizados y al menos 25 trabajadores eventuales han paralizado actividades.
Restauranteros y prestadores de servicios turísticos también enfrentan pérdidas.
El derrame amenaza además una zona de arribo de tortuga lora; ya se reportó al menos un ejemplar sin vida y la presencia de peces muertos. El mayor temor es que el crudo alcance los manglares de la Laguna del Ostión, ecosistema clave para la reproducción del ostión y otras especies.
Se estima que alrededor de 14 mil personas dependen directa e indirectamente de la pesca y el turismo en Pajapan, Mecayapan y Tatahuicapan.
Ante este panorama, los alcaldes lanzaron un llamado firme y urgente tanto a PEMEX como a la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, para que intervengan de manera inmediata, se instalen barreras de contención, se realice una limpieza integral y se activen programas emergentes de apoyo económico.

“El daño es visible, medible y creciente. No podemos permitir que se normalice”, insistieron.
Por ahora, el acceso a playas permanece restringido mientras continúan trabajos de inspección con Protección Civil, personal de PEMEX y la Marina. Pero en la costa sur la exigencia es clara: esclarecer el origen del derrame, fincar responsabilidades y evitar que el mar siga pagando el costo del silencio.